Dícese de la situación a la que toda pareja joven aspira, emancipándose del domicilio familiar, estableciéndose por su cuenta y haciendo una vida en común fuera de toda atadura u obligación marital hasta que, por mor del destino, cometen el desliz de comentárselo a los respectivos suegros. Estos montan el cirio, organizan la boda, invitan a quien les da la gana y se permiten el lujo de cortar la tarta y abrir el baile.

       
 

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