CUANDO LAH CORTEH DE CAI

Po l’aihtoria sucede er siglo pasao. En Cai y en el año milochociento y pico, cuando loh gabacho de Napoleón tenian sitiá la ciudá y lah corteh se reunian en una iglesia de la ihla der León p’acé la primera cohtitución de l’istoria d’Ehpaña, la mihma que eliholagranputa er Fernando sétimo echó abaho en cuantito vorvió. Y eh que somo má dehgraciao que’r Pupa.
Había un malagueño qu’ehtaba en Cai porque añoh atrah lo condenaron a galera por sodomita, osease, que daba o tomaba por el bú, que éh lo mihmo, aunque haiga hente que dice lo de Maoma, er de la picha’goma: que tanto éh er que dá como er que toma… Poh bien, er malagueño buharra, qu’ehtaba to’r dia dando barzone poh lah calle de Cai y vivía de lo que caía por aquí y por allá, tenía mucha letra menúa y des’que comenzó er sitio se ponía a dá dihcurso en er Pópolo o en la Viña o donde le pillara y la hente s’arremolinaba pah’cuchahlo y l’aplaudian como si fuera un oradó de loh de lah corteh y como loh oradoreh (digo yo, que como se huntaban en una iglesia, po oraban) salían de vé en cuando por Cai y chahlaban con la hente, se enteraron que er parguela tenía una muí que pa qué y que largaba cosah fina, asin que l’invitaron ar sitio aqué porque, como decía uno d’Aragón o de donde su madré lo traho ar mundo, había c’oí la vó der pueblo.

Y el moñón mah contento que Dió, porque loh diputao aquelloh l’invitaban a comé y a tó, que’r malagueño pasaba mah hambre q’un caracó en un ehpeho.
Y había otro fulano qu’era de la guindalera, osá, qu’en cuantito podía s’afanaba to lo que pillaba, y era mu amigo der sarasa malagueño porque por lo vihto se habían conocido dándole al remo en las galerah. Y er manguta se iba con é a la ihla p’aprovecharse de loh convithe que l’hacían al otro y de paso podé trincá arguna fartriquera, que loh de lah corteh ehtaban forraoh.
Y resurtó q’un fulano d’aquelloh era también de la piompa, osá, qu’entendía lo mihmito qu’er malagueño y se lo quería trajiná, pero en plan dihcreto y sin formá barullo. Y er mangui que se dá cuenta y como er chavó tenía er riñón bien cubierto, po no dejaba a los marusoh ni a só ni a sombra hahta que leh sortó de sopetón: “po si quereih está en un sitio tranquilo y dihcreto, yo conohco un herezano que tiene un mesón poh la carretera que v’ar Puerto.”
Totá, c’ar dia siguiente el moñeta rico ehtuvo t’or día com’un abanto dando barzone, p’acá y p’allá, dandole vuertah ar tarro, que tan preocupao ehtaba que cazi no s’acordó de comé, y a la hora de la cita allí ehtaba como un clavo. Y er mangui c’aparece con er malagueño y le dice c’arquile un coche p’a í a la venta y que primero de ná loh invite a comé que tenían gazuza p’a dá y regalá. Y el otro dihpuehto a complacé a los doh, que se pusieron tifoh de manduca y ciegecitoh de mollate, c’ar finá ehtaban atarragando.

Y luego cogieron un simón quéstaba parao en la puerta la venta y salieron jalando pa’r sitio donde ehtaba la famosa venta’r herezano y apalabran un cuarto pahtá tranquiloh loh doh y hazé lah cosah que tenian c’azé, o s’á, darse por el bú d’Éhtambú. Y la cosa loh amoríoh de loh sarasah fue pa largo.
Y er mangui que loh ehtaba ehpiando por un ventanuco, na máh quedarse el deputao dormío, entró en er cuarto y s’afanó los talegoh, o sá, los dobloneh y maravediseh qu’el gachó aqué llevaba y hunto con er moñón malagueño salieron de naja y vorvieron a Cai. Y el aragoné que se dehpierta y se vé mah tieso c’una mohama de Barbate y er herezano que no traga er quedarse sin cobrá er cuarto y l’endiña una capuana que casi lo farata. Y ar finá consigue er maño vorvé y denuncia al malagueño y ar manguta a loh corcheteh.
Cuando lah autoridadeh fueron a echahle er guante yáhtaban loh doh en una galera q’acía la ruta a Berbería, o sá, la tierra loh moroh, y allí se quedaron a viví pa siempre hamá, qu’en esah tierrah no s’ehtrañan que doh tioh vivan huntoh como marido y muhé. Será porqu’eh la tierra de Mahoma.

       
 

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