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MÁS FEO QUE PICIO

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Para ponderar la fealdad de alguien suele decirse que es «más feo que Picio», a quien de feo que era le dieron la unción con una caña, por lo asustado que estaba el cura, añaden los andaluces.Sbarbi, en su Gran Diccionario de Refranes, afirma que Picio era un zapatero natural de Alhendín, y que vivía en Granada en la primera mitad del siglo pasado. Fue condenado a la pena de muerte. Hallándose en capilla recibió la noticia del indulto, y le causó tal impresión que se quedó sin pelo y con la cara tan deformada que pasó a ser citado como modelo de la fealdad más horrorosa.De Andalucía procede también la comparación: «Más feo que el sargento de Utrera.»

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ALIQUINDOI, UNA REFLEXIÓN DE ANTONIO BURGOS

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Me ha picado la curiosidad el libro del profesor Antonio del PozoEl Habla de Málaga, del que ayer informaba EL MUNDO DE ANDALUCÍA. Lo compraré la próxima vez que vaya a Málaga, porque es toda una consideración sobre el ser y la esencia de Andalucía el hecho de que los libros sobre las hablas locales solamente pueden encontrarse en las librerías del lugar. Si yo quiero comprarEl Habla de Cádiz, del profesor Pedro Payán Sotomayor aquí en Sevilla, voy aviado, échale un galgo. Y me imagino que con el valioso libro del profesor Pozo ocurrirá tres cuartos de lo propio. Andalucía es un mercado a efectos de los productos que nos colocan las empresas multinacionales y nacionales, pero no lo es a efectos de distribuir lo que producimos en nuestra tierra. Aunque existe una asociación de editores andaluces, es más difícil que Garzón encuentre pruebas y huellas de mangoletas en la Expo a que una obra editada en Jaén, pongo por caso, pueda hallarse en una librería de Huelva o de Almería.

La Junta, con tanto parchear y tanto pito, debería haber apoyado hace muchos años al sector editorial andaluz y haber subvencionado, como olivar cultural que es, el capítulo más difícil de la edición de un libro, que no es encontrar un buen autor, ni un buen tema, ni una buena imprenta, ni un buen diseñador de la portada, sino un buen distribuidor. Compramos libros de asuntos locales cuando nos metemos en carretera por Andalucía como el que compra morcillas de hígado en Estepa, polvorones en Antequera, tocinos de cielo en Aracena o bizcochos de Carnaval, ahora que se acerca la época, en las magníficas pastelerías granadinas, Kiki, hijo, a ver si cuando llegue la fecha se te ve un detalle… Compramos en Cádiz el libro de Payán, y compramos en Sevilla el libro de <F3>Carrero<F1>, y compramos en Málaga el libro de Antonio del Pozo y así sucesivamente. Un libro que podía tener un mercado de siete millones de personas se queda así desgraciadamente restringido a un ámbito de trescientas, de quinientas mil tirando muy largo.

Y como nos falta esta visión general de Andalucía, pues cada lexicógrafo nos ofrece como propias y distintivas voces que están en el dominio del común de los andaluces. El profesor del Pozo dice quealiquindoi es una voz totalmente malagueña. Pero tendría yo que echarlo a pelear con Pedro Payán, que dice que es una voz estrictamente gaditana. Si Pozo dice que es el puerto de Málaga, Payán dice que es del muelle de Cai. El origen, el mismo, marinero, en esas grandes canteras de formación del lenguaje que son las ciudades portuarias y pesqueras andaluzas. El liquindoi es el look and do it, mirar y hacerlo, voz preventiva para las voces ejecutivas de los marineros ingleses a los estibadores gaditanos o malagueños que estaban descargando el barco de arroz. Igual le pasa a otra voz que dice Pozo que es estrictamente malagueña, como bajío, que es mala suerte, y que no es ni malagueña, ni sevillana, ni gaditana, ni nada, sino caló. Bajío o bají, y malo habitualmente, y que nos lo pregunten, ¿no, José Antonio Gómez Marín?, a los benedictinos discípulos del gaditano profesor doctor Rodríguez Rey, que con sus movimientos inigualables de ojos y con su mímica de tragedia griega nos alertaba de lo cuanto tenía mal bají.

 

Mientras que en Málaga está el profesor Pozo reclamando el origen local de “aliquindoi”, en el barrio de la Viña gaditano está ensayando mi coro, que este año se llama precisamente así, “Aliquindoi”, y que deseo que compita para el primer premio, como todos los años, querido Julio Pardo, con tu pelotazo antillano y noventayochista del “Bohío”. Voz cubana que dio el andaluz bujío, y que probablemente en el próximo libro sobre el habla de Jaén que se publique leeremos que hay un profesor que dice que “bujío” es una palabra acuñada en Guarromán. Por la actual confusión de la cultura andaluza, las palabras de nuestro léxico dialectal suelen tener tantos lugares de nacimiento como don Cristóbal Colón.

vía: http://www.antonioburgos.com/mundo/1998/01/re011498.html