– ¿Nos vamos a Ávila?- ¡Enga! ¡Amo!

Y estando allí me preguntaba: ¿por qué si todo el mundo me trata excepcionalmente bien me da la impresión de que son algo secos? El sabio, que venía conmigo, intentó darme una respuesta:

Marina, no son secos, es que no son chistosos. En tu pueblo sois muy dados a las bromas. Aquí la gente es maja, pero no graciosa.

La explicación no me tranquilizó. Los abulenses hacen comentarios divertidos continuamente, por ejemplo sobre el frío. ¡Si me han hecho chistes sobre el lagarto de Utrera! ¿Es eso de malaje? ¿Es de saborío? Yo creo que no.

Pero al final, el sabio siempre encuentra la respuesta:

Marina, ¿te has dado cuenta de que aquí la gente dice ADIÓS?

¡Claro! ¡En mi pueblo decimos hasta luego! Pero aquí te dicen adiós. Un corto y (para mis oídos) contundente adiós. Que te entran ganas de responder “illo, no hase farta que me eches, que ya me voy”.

Es una simple cuestión de acento, pero probadlo en casa, andaluces, y despedíos con adiós. Ya veréis lo que os cuesta y lo raro que os suena.

Porque el andaluz es arte, gustoso de hablar y de escuchar. Pero de vez en cuando es conveniente conocer cosas distintas. Para apreciar mejor (si cabe) lo que uno tiene.

Marina Martínez

@sepuededecir