Po l’aihtoria sucede er siglo pasao. En Cai y en el año milochociento y pico, cuando loh gabacho de Napoleón tenian sitiá la ciudá y lah corteh se reunian en una iglesia de la ihla der León p’acé la primera cohtitución de l’istoria d’Ehpaña, la mihma que eliholagranputa er Fernando sétimo echó abaho en cuantito vorvió. Y eh que somo má dehgraciao que’r Pupa.
Había un malagueño qu’ehtaba en Cai porque añoh atrah lo condenaron a galera por sodomita, osease, que daba o tomaba por el bú, que éh lo mihmo, aunque haiga hente que dice lo de Maoma, er de la picha’goma: que tanto éh er que dá como er que toma… Poh bien, er malagueño buharra, qu’ehtaba to’r dia dando barzone poh lah calle de Cai y vivía de lo que caía por aquí y por allá, tenía mucha letra menúa y des’que comenzó er sitio se ponía a dá dihcurso en er Pópolo o en la Viña o donde le pillara y la hente s’arremolinaba pah’cuchahlo y l’aplaudian como si fuera un oradó de loh de lah corteh y como loh oradoreh (digo yo, que como se huntaban en una iglesia, po oraban) salían de vé en cuando por Cai y chahlaban con la hente, se enteraron que er parguela tenía una muí que pa qué y que largaba cosah fina, asin que l’invitaron ar sitio aqué porque, como decía uno d’Aragón o de donde su madré lo traho ar mundo, había c’oí la vó der pueblo.

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